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PUENTE INTEROCEÁNICO
POR: CARLOS DE GREIFF MORENO
En
los días que corren, coinciden dos propuestas: la de la
ampliación del Canal de Panamá, y la del comercio exterior
de Colombia por medio de los TLC con Estados Unidos y otros
países, pero también y muy particularmente, con los de la
Cuenca del Pacífico, que hoy genera dos tercios del PIB
mundial y agrupa dos tercios de la población del planeta.
Todo lo cual habíamos anticipado en nuestro
estudio “Geoestrategia Colombia/Occidente-ALCA / Pacífico
-2005”, entregado en 1999 a las entidades patrocinadoras del
occidente del país. En este estudio recomendamos, entre
otros proyectos para el Corredor Pacífico, la construcción
de los puertos de aguas profundas de Tarena, en Urabá, y de
Tribugá, cerca de Nuquí, sobre el Litoral Chocoano del
Pacífico.
El comercio marítimo internacional entre
Asia/Pacífico, América y Europa se hace, fundamentalmente
(60%), vía el Canal de Panamá y (40%) vía el “Land Bridge”
(puente interoceánico), ferroviario de 4.800 km entre
los puertos de las costas oeste y este de E.U.,
que reduce a 19 días el recorrido de 29 días entre
Asia/Pacífico y Europa por el Canal de Panamá.
El comercio marítimo internacional ha venido
creciendo exponencialmente en los últimos años a un promedio
de 11% anual, lo cual ha copado el 98% de la capacidad
portuaria mundial, a su vez congestionada por las economías
de escala que se han traducido en el acelerado crecimiento
del tamaño de los buques portacontenedores.
Así, en lo pertinente a Centro y Sur América,
sólo existen tres puntos para construir puertos de aguas
profundas capaces de atender los buques más grandes en
servicio, construcción y proyecto. Estos sitios son Tribugá,
Tarena y Matarraní.
Los dos primeros sobre el cruce de las dos
rutas marítimas más activas: la de los buques que cruzan en
uno y otro sentido el Canal de Panamá y la que sirve el
tráfico sobre los puertos del Pacífico, desde Alaska hasta
la Tierra del Fuego. Matarraní queda en el sur de Perú,
lejos de estos cruces.
El crecimiento del transporte marítimo ha estimulado la
ampliación del Canal de Panamá con un tercer juego de
esclusas, para facilitar el paso de buques Post-Panamax,
pero no de los proyectados ULCV. El proyecto ya ha sido
aprobado por referendo en Panamá.
Es un proyecto complejo que incluye el
desplazamiento de población campesina para la construcción
de una presa para almacenar y recircular el gran volumen de
agua que requiere el nuevo canal; aumentar la capacidad de
los puertos terminales; etc. El costo de todo el proyecto se
ha estimado en US$5.250 millones y el tiempo de construcción
en 7 años. Costo y plazo más que optimistas; hay estimativos
de costo que ascienden a US$16.000 millones y hasta US$25.000
millones. Pero, cualquiera que fuere el costo real podría
traducirse en muy altas tarifas.
En el reciente XVIII Congreso de Ingeniería,
propusimos una Hoja de Ruta para dotar a Colombia de una red
ferroviaria moderna, en trocha estándar de 1.435 mm, que
incluiría una vía, denominada Línea 1, que uniría a Bogotá,
el Altiplano Cundi-Boyacense y el sur de Santander con el
Río Magdalena y Medellín; y que se extendería hasta Caucasia,
sobre el Río Cauca, y de allí hasta el también propuesto
puente (7.5 km) sobre la estrechura del golfo hasta Tarena y
Tribugá.
El subconjunto de línea férrea, puente y
puertos serviría el tráfico de contenedores de Medellín y el
centro-oriente del país y facilitaría la exportación de los
carbones coquizables y térmicos del interior tanto a países
del Atlántico como del Pacífico. Pero, además, lo más
relevante es que configuraría un puente interoceánico de
sólo 340 km entre Tribugá y Tarena que podría manejar hasta
los portacontenedores ULCV, que no cabrían por el Canal de
Panamá aún ampliado. Fuera del transporte de carga y
contenedores, la sola exportación de los primeros 50
millones de tons.
coque, probablemente y a más tardar en el
curso de los primeros 6 a 8 años, permitiría recuperar la
inversión de US$ 5.100 millones en la infraestructura
necesaria. Todo lo cual, junto con la inversión en minería,
podría llevarse a cabo en concesión a inversionistas
privados nacionales y/o extranjeros.
¿Utopía? Sí, claro! Como lo era hace sólo 15
años el teléfono celular. O antes, el viaje a la Luna.
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