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NICHOS SILVESTRES
El
biocomercio, o el aprovechamiento
sostenible de la flora y la fauna, se ha
transformado en una alternativa para las
exportaciones no tradicionales.
Esas
viejas costumbres de cazar mariposas por
diversión o recoger plantas y hongos
silvestres, se han convertido en una
actividad económica con enormes
potencialidades. De hecho, la empresa
caleña Alas de Colombia descubrió estos
beneficios de la naturaleza hace dos
años, cuando construyó un pequeño
mariposario con todos los elementos
necesarios para la zoocría y el cuidado
de más de 30 especies de mariposas
tropicales diurnas. Su visión, que
apenas comienza a masificarse en
Colombia, tuvo sus frutos hace pocos
meses, cuando exportó su primer lote de
mariposas a Gran Bretaña y Bélgica,
luego de recibir una solicitud de
algunos parques de diversiones europeos
que necesitaban con urgencia este tipo
de insectos para adornar sus
instalaciones.
Casi lo
mismo pasa con el laboratorio colombiano
Labfarve, que desde 1984 se dedica a la
comercialización de productos
medicinales, y que hace cuatro años hizo
su primera exportación. En sus procesos
de elaboración de 189 líneas
farmacéuticas, esta empresa utiliza
plantas naturales como la valeriana, la
balsamina, el totumo y la caléndula, que
luego de ser recogidas manualmente son
procesadas y exportadas a países como
Panamá y Estados Unidos. Según Andrés
Quiroga, coordinador de comercio
exterior de esta firma, en 2002 enviaron
a Miami y Ecuador pedidos por 53.000
dólares, y sus perspectivas van en
aumento ante los crecientes pedidos
internacionales por consumir las más de
150 especies de plantas medicinales y
120 de aromáticas que hay en los suelos
colombianos. "En nuestros procesos,
procuramos realizar el biocomercio, es
decir, que nuestros productos sean 100%
naturales y que provengan de cultivos
sin deforestación, y se los compramos a
personas que trabajan y recogen plantas
en forma silvestre", enfatiza.
Lo
cierto es que estas dos empresas se han
visto beneficiadas luego de que la
legislación colombiana, en diciembre de
2000, permitiera el aprovechamiento
sostenible y equilibrado de los recursos
de la biodiversidad. Y forman parte de
una estrategia conjunta de varias
instituciones englobadas bajo el término
biocomercio, que en estos momentos
involucra más de 300 empresas locales,
las cuales ya han iniciado los primeros
pasos de producción, análisis de mercado
y sostenibilidad de un negocio que, sólo
en productos orgánicos, mueve en el
mundo más de 25.000 millones de dólares
al año.
Mucho
tienen que ver en esta iniciativa verde,
organismos como la Corporación Andina de
Fomento (CAF), la Unctad, el Instituto
de Investigación Alexander von Humboldt,
el Ministerio de Medio Ambiente y
Proexport, que desde hace cinco años
vienen realizando una serie de programas
para apoyar los proyectos que usen y
aprovechen la biodiversidad, en forma
equilibrada.
La idea
de las entidades es apoyar los mejores
proyectos locales por medio de foros
regionales, talleres de negocios e
inyección económica (préstamos sobre los
50.000 dólares). En el caso de tener un
programa exitoso, que involucre materia
prima de productos maderables y no
maderables, la agricultura ecológica o
el ecoturismo, estas organizaciones lo
apoyan en su maduración empresarial,
hasta su etapa de exportación.
"El
país tiene un potencial enorme, por
ejemplo, en los ingredientes para
productos de belleza y cosmética, como
los colorantes de las flores; en plantas
medicinales amazónicas, en aceites
naturales, en hongos shiitake, en miel
de abejas, en maderas como la guadua y
en animales exóticos como los grandes
escarabajos", dice José Andrés Díaz, del
programa Biocomercio Sostenible, del
Instituto Von Humboldt.
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